MITOS Y VERDADES DE LA CAUSA "CITY HOTEL" - "El líder" o la creación judicial del monstruo

 

MITO
EL “LIDER”

Como hemos señalado en diversas oportunidades a lo largo del blog “Justicia Ilegítima” y en las páginas del libro publicado en este portal de escritura, el señor Eduardo Agustín De Dios Nicosia, fue tildado de “líder” por la narrativa judicial, ya que como el juez Falcone argumenta en su sentencia “si hay una secta tiene que haber un líder”. Esta sesuda percepción de su parte y de Santiago Inchausti antes que él, está basada meramente en el relato de las autoproclamadas “víctimas” y no en pericias por parte de peritos especializados. Recordemos que ambos jueces, cada uno a su tiempo, le negaron al señor Nicosia todo tipo de pericia, tanto psicológica como por parte del cuerpo médico forense, a pesar de ser solicitado por la defensa. Esta grave violación a sus derechos, constituyó el abandono de persona que derivó en su muerte.

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Según Roberto Atilio Falcone, el perfil era el de un líder sectario y el modo en que ejercía control absoluto sobre sus seguidores, consistía en una combinación de carisma extremo y autoritarismo violento. Según argumenta, ninguna secta puede existir sin un líder que moldee el grupo según sus preferencias, y según él, Eduardo Nicosia encarnaba ese rol con particular intensidad.

1. Carisma y construcción mística

Los testimonios señalan que el líder era percibido como un hombre “sabio, culto y encantador”, formado en India, y que sus seguidores lo idealizaban atribuyéndole “cualidades mágicas”.

Dentro del grupo era llamado “el gurú”, “el uno con el todo” y “el padre de todos”. Estar en su presencia era considerado un privilegio, y sus palabras se tomaban como dogma incuestionable.
 Y agrega: "Había que pedir audiencia para verlo".

2. Violencia sistemática y castigos extremos

En este fragmento de la sentencia, el juez detalla una larga serie de torturas, golpizas, amenazas y abusos cometidos por el líder contra adultos y menores, incluidos sus propios hijos.

Entre los castigos mencionados:

colgar personas de ventanas o sogas,

  • quemaduras con encendedores,
  • golpes con cinturones y armas,
  • ahogamientos,
  • aplicación de electricidad,
  • encierros prolongados,
  • violencia con armas blancas y de fuego.

Los testimonios coinciden en que el líder tenía una “doble cara”: amable hacia el exterior, brutal en el ámbito interno.

“La sensación era de pánico absoluto (…) su voz nos producía terror.”

3. Episodios de crueldad extrema

Se relatan hechos particularmente graves, como:

  • matar animales frente a los niños
  • castigos que provocaron secuelas permanentes (pánico al agua, lesiones físicas)
  • encierros prolongados de miembros del “grupo”
  • torturas a niños desde edades muy tempranas.


4. Intimidación mediante armas y amenazas de muerte

En su argumento, el juez asume que el “líder” poseía armas legales e ilegales y se jactaba de haber matado personas.

Varios testigos afirmaron que él era capaz de ordenar asesinatos y que incluso habría participado en homicidios en Venezuela y Argentina.

5. Control psicológico y aislamiento

El miedo constante, la dependencia emocional y la creencia en su poder absoluto permitían que el líder controlara totalmente a los miembros del grupo.

También presumía de tener contactos policiales, lo que aumentaba el temor a denunciar.

6. Perfil psicológico del líder

El texto concluye que la descripción del señor Nicosia coincide con el perfil típico de líderes sectarios:

  • rasgos narcisistas,
  • personalidad dominante,
  • grandiosidad
  • paranoia
  • gran habilidad verbal y seducción.

REALIDAD

Hasta aquí podemos deducir que Roberto Atilio Falcone, no hace más que construir una imagen alrededor de la figura del señor Nicosia basándose en lo que las supuestas víctimas le contaron. Cabe destacar que el señor Nicosia fue sobreseído por fallecimiento. Es más: si nos atenemos estrictamente a la ley, falleció bajo la presunción de inocencia por no haber llegado a juicio con vida.

Desde el momento en que el señor Nicosia falleció la causa se cayó, ya que los querellantes estaban especialmente ensañados con él.

No contento con esta situación, y porque “alguien debe pagar los costos”, aunque falsas, todas las imputaciones en su contra pasaron a los compañeros de causa. 
Todo el juicio, como lo demuestra la sentencia, giró en torno al señor Nicosia, quien ya no tenía posibilidad alguna de defenderse. 

Aún así, Falcone perfiló, acusó y condenó.

Su conclusión acerca del perfil psicológico del “líder”, fácilmente podría adaptarse al mismo Falcone, a sus colegas de la gran familia judicial o a cualquier personaje de la clase política.

Antes de profundizar en los argumentos que utilizó el juez para crear el «perfil del líder sectario», me detengo unos momentos para desmentir aspectos puntuales descritos en el mito del «líder»:

1: Al señor Nicosia lo han llamado de muchas maneras: maestro, acharya, gurú (maestro) profesor, consejero, swami, Nene, Nico, Eduardo, negrito, morocho, papá, compadre, pibe, hermano, amigo, viejo, hermanito del alma… 
Todos fueron nombres o apodos impuestos por terceros, según lo que percibían de su personalidad, pero nadie se dirigía a él con modismos tan emocionales y ridículos como los descriptos por el juez.
El señor Nicosia nunca se adjudicó título alguno. Sólo firmaba con su nombre civil o monástico según la ocasión y valoraba ser llamado amigo, por encima de cualquier otro nombre o título.

Al contrario de la afirmación del juez, el señor Nicosia no fue formado en India, su grado de swami fue formalizado por Swami Chidananda Saraswati, quien reconoció en él (y no fue el único) a un ser con conocimiento genuino acerca del Yoga y la Vedanta. No a un intelectual, ni a un farsante.

2: Todos los supuestos hechos de violencia relatados en la causa, no fueron verificados por peritos profesionales. Tanto el juez como las psicólogas que «evaluaron» a las supuestas «víctimas», basaron sus diagnósticos en relatos morbosos poco creíbles.
Entre los más rimbombantes, podemos citar el de Jalana (hijo del señor Nicosia), quien dijo haber sufrido «quemaduras de tercer grado en su espalda, que cuando su padre lo quemó, la remera de polyester se le pegó a la piel y él podía oler la carne quemada» … Todos los testigos consultados, incluso su familia directa, coinciden en que este personaje no tenía semejantes cicatrices en su espalda. Pero a nadie le extrañó su nivel de inventiva, ya que Jalana (según sus iniciales en la lista elaborada por la fiscalía) era conocido por esta cualidad, que de chico podía considerarse una gracia, pero que al crecer se convirtió en una morisqueta.
Durante el episodio sufrido por el señor Nicosia en los años 80s, al haber sido detenido por causa del femicidio cometido por un conocido, Jalana, quien contaba con unos 5 años de edad, dijo delante de sus propios padres, a la Directora de Prisiones (Venezuela), en ese entonces la Dra. Virginia Contreras, que sus “pulgares estaban torcidos porque se los habían quemado”. Al ser consultado acerca de quién le había dicho tal cosa, afirmó que habían sido Jodava y su primo Jaza.
Jalana tenía polidactilia y sus dedos pulgares en forma de «pinza de langosta», eran heredados de su padre, el señor Nicosia y familiares por la vía paterna.
Otro relato digno de una película de ficción, fue el de la hija de Maciya, quien argumentó haber “sufrido una fractura expuesta en la pierna y que Nicosia le aplicó electricidad para provocarle más dolor”.
La realidad, es que la entonces adolescente, se lesionó la rodilla corriendo y deslizándose por los amplios pasillos del City Hotel en el año 2015.
La lesión no era visible, sólo se manifestó con dolor e inflamación en la zona, lo cual le impidió seguir practicando popping, baile urbano que se había dedicado a aprender observando tutoriales y videos en su cuenta de YouTube.
Para poder desinflamar rápidamente la rodilla, y que no sufriera dolor y una inflamación que se tornara en condición crónica, hasta tanto se pudiera atender con el reumatólogo de cabecera del señor Nicosia en CABA, el señor Nicosia le aplicó sus conocimientos en electroterapia con el equipo que utilizaba para él mismo, para aliviar sus dolores crónicos y no depender de la medicina oral.
A los pocos días, Maviya ya estaba diagnosticada por el reumatólogo en cuestión, fundador de una reconocida institución sita en calle Uruguay 725 en CABA, quien le recetó una rodillera y analgésicos orales en caso de dolor.

Como el lector bien puede concluir, es imposible que tal fractura expuesta existiera, porque la lesión fue mínima -más graves son aquellas sufridas por los basquetbolistas- y porque el médico especialista ni por asomo diagnosticó un caso tan grave, que incluso le podría haber provocado la muerte a la entonces joven Maviya.

3- Uno de los relatos de las «víctimas» consistía en que los niños pequeños eran torturados. Jodava argumentaba por ejemplo, que Xavaya, uno de los hijos menores de la señora Capossiello, recibía palizas desde que nació. Xavaya llegó a ser un hombre robusto de más de 1,80 m de altura con un carácter seguro de sí mismo y una soberbia que provocaba rechazo en aquellos que trataban con él, como por ejemplo los albañiles que trabajaban bajo su mando, comerciantes de la zona del City Hotel a quienes les hacía compras de materiales, o técnicos de mantenimiento de equipos, como la central telefónica, los aires acondicionados o los ascensores.
En 2018 fue detenido por Santiago Inchausti durante el allanamiento. Debido a que sus hermanos involucrados en el complot dijeron que Xavaya también era una víctima (más adelante se supo de su participación en la falsa denuncia mientras ocupaba su rol de Secretario de la cooperativa, ya que hubo testigos que lo escucharon en charlas secretas con Edaya) ante la duda Inchausti ordenó una pericia, en este caso por un médico forense, quien determinó que no presentaba lesiones a nivel orgánico, ni falencias intelectuales. Indicó que su perfil no era compatible con el de víctima…
Aún así, Inchausti lo sobreseyó y archivó el informe del perito.

4. El señor Nicosia no tenía armas a su nombre, como la PFA pudo comprobar. Todas las armas encontradas en el hotel pertenecían a otros individuos, entre ellos Xavaya, y estaban debidamente registradas y legalizadas, como también confirmó la policía federal.
Según pudo constatar este escritor, no hay testigos que acrediten el relato de que el señor Nicosia se jactaba de cometer asesinatos o del uso de armas. La forma genética de sus dedos y el avance de su enfermedad autoinmune, le impedían tocar el piano, mucho menos manipular un arma. En su juventud, sus dedos pulgares torcidos, fueron los que le eximieron de realizar el servicio militar obligatorio en Argentina.
Esa misma situación se repitió con sus hijos varones herederos de esta condición: Jalana y Emaya, este último declarado en su documento de excepción por los médicos peritos militares, como ITS: inútil para todo servicio.

Los únicos que se jactaban de llevar armas consigo, eran: Jodava en el año 2000 durante un viaje a Mendoza en una casa rodante que él mismo alquiló y quien fanfarroneaba paseándose armado ante los gendarmes de la zona, dirigiéndose a ellos de igual a igual. Más adelante en el tiempo, entre 2010 y 2018, Xavaya repitió una conducta similar. Se llegó a saber que, aunque Xavaya no contaba con permiso de porte sino de tenencia, llevaba un arma de su propiedad, oculta bajo el sweater cuando salía a hacer compras en CABA. Algo ilegal según la legislación sobre armas en Argentina. Fue este mismo personaje quien compró en una reconocida armería de CABA (My Friend) armas totalmente innecesarias de acuerdo al uso que la cooperativa buscaba darle que era servicio de seguridad para el hotel, e inadecuadas para el viaje en casa rodante que su familia quería hacer por el mundo.

Pregúntese el lector y llegue a su propia conclusión: si el señor Nicosia ordenaba cometer tantos asesinatos, ¿cómo no había gente desaparecida? Y además ¿cómo hicieron las supuestas «víctimas» para llegar con vida a declarar ante fiscales y jueces, años después de haber seguido sus propios caminos independientes?

5. Era también Jodava quien se jactaba de tener contactos policiales y políticos, y contaba entre sus amistades a un funcionario de la PFA, hijo de un comisario de la misma fuerza policial. Fue este mismo personaje quien cuando su madre lo echó del hotel por robar y estafar a la gente que trabajaba allí, amenazó al personal, entre ellos su madre, diciendo que “llenaría de policías el hotel para detener a la secta». Los únicos agentes policiales que «llenaron el hotel» antes del allanamiento, eran aquellos que se hospedaron en calidad de huéspedes, por motivos de trabajo o cursos de instrucción, operativos en la ciudad como el Operativo Sol que se llevaba a cabo los veranos, o en plan vacacional junto con sus familias.

6. En cuanto al perfil psicológico realizado por Falcone, es evidente que proyecta un reflejo de sí mismo, excepto quizás en lo que se refiere a la seducción:

  • rasgos narcisistas,
  • personalidad dominante,
  • grandiosidad
  • paranoia
  • gran habilidad verbal y seducción.

Podemos destacar para desmentirlo, el rasgo de mayor manifestación física: gran habilidad verbal…

Quienes conocieron personalmente al señor Nicosia, tanto sus amigos como la gente que atendió durante sus años de actividad en el Instituto Yukteswar, saben que era conocido por saber escuchar.
El señor Nicosia hablaba poco y nada. No se consideraba un erudito y no entraba en charlas banales ni desperdiciaba energía en discusiones.
Coincidía plenamente con Pitágoras, en que el ser humano es dueño de sus silencios y esclavo de sus palabras.

*******

La construcción del “monstruo” a partir de testimonios no verificados

El texto judicial de la sentencia y de todo el expediente hasta el momento del juicio, etiquetó al señor Nicosia como un monstruo, pero nunca se le dio la oportunidad de defenderse, ni se interesaron en escucharlo alguna vez. Incluso aunque el señor Nicosia no llegó con vida al juicio y a pesar de haber sido sobreseído por fallecimiento, los fiscales, los jueces e incluso la defensa, se ocuparon de seguir mancillado su figura y su buen nombre, para darle sentido a la causa que entre todos se empeñaron en armar. Al señor Eduardo Agustín De Dios Nicosia, simplemente se lo secuestró, se lo encerró, se tiró la llave y se lo asesinó.

Santiago Inchausti sólo fue a verlo una vez durante los casi 14 meses que la causa estuvo bajo su responsabilidad. Roberto Atilio Falcone no fue ni una sola vez a partir del momento en que la causa pasó a sus manos, período que abarcó alrededor de poco más de un año, durante el cual el señor Nicosia quedó gravemente afectado de su salud como consecuencia del encierro en prisión y de la falta de los cuidados médicos adecuados que su condición de salud ameritaba. Según la ley, los jueces deben ver a los presos que están bajo su tutela, cada tres meses aproximadamente, más si se trata de un procesado sin condena y más si se trata de una persona mayor y enferma. Esto por supuesto, no se cumple y en este caso en particular, menos. Sin embargo, la falta de cumplimiento del deber por parte de los jueces no los exime de ninguna responsabilidad ante cualquier percance que sufra el preso.

Toda la responsabilidad recae sobre sus hombros.

En base al relato de los denunciantes, Roberto Atilio Falcone, construyó una imagen extremadamente grave de Eduardo Nicosia. Pero lo hizo mediante un mecanismo narrativo, no probatorio.
He aquí cómo funciona esa construcción.

1. La estructura del fallo se apoya en relatos, no en evidencia

El documento acumula decenas de testimonios, todos descriptivos, todos subjetivos, todos retrospectivos.

No aparecen:

  • pericias médicas,
  • informes psicológicos de época,
  • registros policiales,
  • documentación contemporánea a los hechos,
  • evidencia física,
  • fotografías,
  • certificados,
  • informes oficiales de Venezuela o Argentina,
  • constancias de denuncias previas,
  • autopsias,
  • causas judiciales anteriores,
  • pericias sobre armas,
  • informes veterinarios,
  • registros de hospitalizaciones,
  • documentación escolar,
  • informes de asistencia social anteriores a la causa.

La narrativa judicial no contrasta los dichos con elementos externos.

Los dichos se convierten en “verdad” por acumulación, no por verificación.

2. El fallo usa un recurso clásico: la “coherencia interna” como sustituto de prueba

El texto afirma que los testimonios son “contestes”, es decir, coincidentes.

Pero la coincidencia entre relatos no es prueba: es un fenómeno psicológico, social o incluso narrativo.

La justicia suele usar la “congruencia” como indicador de verosimilitud, pero aquí se convierte en la única base probatoria.

Esto es problemático porque:

  • personas que convivieron pueden compartir recuerdos,
  • personas que crecieron juntas pueden repetir narrativas familiares,
  • personas entrevistadas por el mismo programa estatal pueden influenciarse,
  • personas que vivieron trauma pueden reconstruir recuerdos de forma similar,
  • personas que odian a un líder pueden reforzar mutuamente sus relatos.

La coherencia no demuestra que los hechos ocurrieron: sólo demuestra que los relatos coinciden.

En este caso en particular, las personas, se confabularon durante años, para crear una narrativa acerca del señor Nicosia y denunciarlo, con el único objetivo de un resarcimiento económico.
Durante el juicio, en un acto tardío, tal vez con la intención de tapar las fallas que pudieran anular el juicio, o tal vez como una demostración de estupidez, Falcone sugirió a las «víctimas» y «testigos» que no hablaran entre sí entre cada declaración en el debate. No se dio cuenta o no quiso hacerlo, de que la mayoría de las supuestas víctimas, venían hablando entre ellas en persona, por teléfono y a través de las redes sociales, inventando y coordinando declaraciones y acusaciones, y repartiendo roles desde hacía al menos 15 años. 

A pesar de que los testigos a favor de la defensa intentaron presentar prueba que desmentía muchas de las denuncias de cautiverio, hacinamiento, inanición, o supuesto terror, por ejemplo, el tribunal no las aceptó.

3. El fallo mezcla testimonios con lenguaje emocional para reforzar impacto

El texto judicial utiliza expresiones como:

  • “pánico absoluto”,
  • “terror”,
  • “sádico”,
  • “crueldad extrema”,
  • “la verdadera cara”,
  • “descargar su violencia”.

Este lenguaje no es técnico ni probatorio: es retórico.

La justicia, cuando quiere consolidar una narrativa, usa adjetivos para guiar la interpretación del lector.

Esto es típico en fallos donde la prueba es débil y la emoción debe suplir la falta de evidencia material.

Otra prueba más de la creación de la historia por parte de los judiciales.

4. Los hechos más graves carecen de cualquier corroboración externa

El texto menciona:

  • asesinatos,
  • torturas con electricidad,
  • ahogamientos,
  • quemaduras,
  • encierros prolongados,
  • mutilación de animales,
  • violencia extrema contra menores.

Pero ninguno de estos hechos aparece acompañado de:

  • informes médicos,
  • certificados de lesiones,
  • denuncias contemporáneas,
  • registros hospitalarios,
  • documentación policial,
  • pericias sobre armas,
  • informes veterinarios,
  • constancias de desapariciones con investigación previa.

Incluso los supuestos homicidios se sostienen en frases como:

“FV le contó que…”

“Ozeta dijo que…”
“Jalana comentó que…”
“Esto me lo contó Raya…”

Esto es testimonio indirecto (oído de terceros), que en cualquier estándar probatorio serio es débil o inadmisible.

5. El fallo convierte percepciones en hechos

Ejemplos:

  • “era increíble cómo la gente quedaba encantada” → percepción.
  • “siempre tenía armas” → afirmación no corroborada.
  • “era capaz de matar” → creencia subjetiva.
  • “se jactaba de contactos policiales” → relato no verificado.
  • “era un gurú” → interpretación cultural.
  • “tenía dos caras” → juicio de valor.

El fallo toma estas percepciones y las transforma en hechos jurídicos.

Eso es metodológicamente inválido.

6. El perfil psicológico del líder se construye sin pericia

El texto afirma que Eduardo Nicosia encaja en el perfil de un líder sectario.

Pero:

  • no hay pericia psicológica,
  • no hay evaluación profesional,
  • no hay informe clínico,
  • no hay diagnóstico,
  • no hay entrevista técnica.

El perfil se construye a partir de relatos, y luego se usa ese perfil para validar los relatos.

Es un círculo argumental.

7. El fallo usa un truco clásico: la “dualidad” del líder

La idea de que el señor Nicosia tenía “dos caras” es un recurso narrativo típico en:

  • literatura,
  • periodismo,
  • causas de abuso,
  • construcción de villanos.

Sirve para explicar por qué no hay pruebas externas:

“afuera era amable, adentro era violento”.

Este recurso permite justificar la ausencia de evidencia material:

si nadie vio nada, es porque “era muy hábil para ocultarlo”.

Es una explicación circular que protege la narrativa judicial de la crítica.

A pesar de que esta aseveración la realizó Dava, uno de los “testigos” a favor de la fiscalía, Roberto Atilio Falcone la utilizó convenientemente para rellenar esta ausencia de evidencia material.
Resulta que el testigo en cuestión, de alrededor de unos 50 años al día de hoy, no convivía con el señor Nicosia, lo conocía poco y nada. Su única relación era con alguno de sus hijos porque habían convivido durante los años 80 (estando el señor Nicosia preso por causa del femicidio cometido por Jaya), en una casa de playa en Venezuela, prácticamente a orillas del mar Caribe, con parque y piscina semi olímpica. Es decir, no era amigo, ni familiar ni tenía relación cercana con el señor Nicosia.
Eran sus padres quienes mantenían una estrecha amistad con él. Además, el señor Nicosia no sólo había sido su profesor de Yoga, sino que los ayudó en múltiples ocasiones para conseguirles oportunidades de trabajo, por ejemplo.

La falsedad de este supuesto testigo llegó al punto de afirmar que él mismo llevaba la recaudación del hotel para depositarla en una cuenta bancaria del “líder”, o que su padre había tenido que entregar a la “secta” su propio automóvil. La realidad es que este “testigo”, movido por ansias de conseguir su tajada del botín, trabajaba como mozo en el bar del hotel junto a su padre, el señor V.V. Difícilmente podría haber manejado las cuantiosas sumas de dinero que declaró, a menos, por supuesto, que las hubiera robado.

En cuanto al “automóvil usurpado por la secta”, resulta que el señor V.V. lo había comprado usado por un bajo precio, a la embajada de Estados Unidos en Argentina, a finales de los años 60. En los años 70s antes de viajar a Venezuela se lo vendió a un amigo con el que trabajaba en la óptica de su propiedad en CABA. Por razones de conocimiento público acerca de la inseguridad que se vivía en Argentina en esas épocas, por parte de ambas facciones ( izquierda y derecha) el señor V.V. viajó con su familia porque tenía amigos en Venezuela y propuestas de un buen pasar económico. Tal es así que mientras así lo quiso, pudo continuar con su profesión de óptico en aquel país.

8. Conclusión: el fallo es una construcción narrativa, no probatoria

El documento que analizamos funciona como:

  • un relato,
  • una acumulación de voces,
  • una reconstrucción emocional,
  • una interpretación psicológica,
  • una historia de horror.
  • Pero no funciona como:
  • prueba,
  • verificación,
  • constatación,
  • evidencia,
  • demostración.

Como se ve, la justicia, concretamente Roberto Atilio Falcone, no demuestra nada en este caso: sólo imagina y relata una narrativa condenatoria de principio a fin.

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