Mitos y verdades de la causa "City Hotel": La denuncia
RESUMEN DEL CONTENDO DE ESTA PÁGINA:
- La denuncia “anónima” contra la familia fue realizada por Edaya (P2), el hijo menor de Silvia Capossiello, según declaraciones de sus propios hermanos en el juicio.
- Perfil y conducta de Edaya: vivía solo en CABA, sostenido económicamente por su familia, con intentos fallidos de estudiar música y una vida social intensa. Se distanció de su familia tras un intercambio con el señor Nicosia sobre sus estudios.
- Conflictos familiares: en 2016 comenzó a acosar telefónicamente a familiares por no asistir a su boda. Su madre terminó bloqueándolo por el volumen de mensajes y fotos que enviaba.
- Situación judicial de Edaya: en 2016 su departamento fue allanado por una causa de falsificación y robo de identidad; él no fue encontrado. Una vecina terminó detenida por haberle prestado WiFi.
- Motivación atribuida a la denuncia: su ego herido, el distanciamiento familiar y conflictos personales lo llevaron a presentar una denuncia falsa que derivó en detenciones ordenadas por el juez Santiago Inchausti.
- Intervención fiscal: tras la detención de su familia, Edaya siguió enviando fotos y correos a la fiscalía de Nicolás Czizik, que según el autor no aportaban pruebas reales, sino relatos inventados.
- Sobre la supuesta “secta”: las investigaciones de este escritor confirman que no existía ninguna secta, que Eduardo Nicosia convivía con su familia, padecía una enfermedad autoinmune severa y mantenía un trato amable con todos.
- La querellante principal (P1, “Maciya”): en el texto se la señala como fabuladora, de haberse llevado bienes y dinero al irse en 2017, y de haber construido un relato falso para la causa.
TEXTO COMPLETO
MITO
En la primera semana de diciembre de 2017, se recibió una denuncia "anónima" en la línea 144 de violencia de género, argumentando que en el City Hotel de la ciudad de Mar del Plata vivía el líder de una secta con sus seguidores, a quienes mantenía sometidos y explotados laboral y sexualmente. Entre ellos a 3 de sus hijos que vivían con él y que su hija mayor y su nieta habían "escapado" unos meses atrás.
REALIDAD
Según declaraciones de sus propios hermanos, en el juicio se supo que la denuncia "anónima" fue efectuada por el hijo menor de la señora Capossiello, a quien llamaremos Edaya y que ha sido identificado en estas páginas como "P2".
Este individuo, quien en ese momento contaba con 34 años de edad, vivía solo por propia voluntad en un departamento propiedad de su madre, en CABA. Mientras su familia se mudó a Chapadmalal, a una casa de alquiler temporal que él rentó, según se puede leer en el contrato de locación, decidió quedarse a vivir en CABA para concretar su supuesto proyecto de estudiar música e ingresar a la Academia de Música IUNA. Durante su adolescencia mientras residía en Venezuela, quiso aprender a tocar el piano, por lo cual la señora Capossiello contrató una profesora de música de nacionalidad uruguaya, que iba a domicilio para darle clases particulares, utilizando un piano vertical Yamaha que tenían en su casa y que pertenecía a su padre. Debido a estas supuestas ansias de estudiar y para que pudiera hacerlo sin limitaciones donde fuera que Edaya se encontrara, el señor Nicosia con sus ahorros, le compró vía internet directo de los Estados Unidos, un teclado Casio Privia, uno de los mejores en su estilo a principios de los años 2000 y que emulaba a la perfección al piano convencional, tanto en su configuración como en su sonido.
Ya en Argentina, entre los años 2013 al 2016, es decir siendo un treintañero, asistía a la academia de música en CABA, más para salir con su novia y comer asados con el portero de dicho instituto, que para estudiar. También visitaba a una profesora de piano para tomar clases particulares, pero una vez más, estaba más interesado en la vida y obra de la señora que en el estudio. Viviendo en CABA hacía mucha vida social, salía con su novia, con amigos, iba al teatro Colón, a restaurantes, librerías, embajadas, eventos sociales, fiestas de todo tipo. En resumen, era una especie de juerguista que vivía a costa del dinero que su familia le enviaba, ya que hasta ese momento jamás trabajó. Durante los casi dos años que pasó sociabilizando y recorriendo toda la ciudad, la música quedó relegada a un último lugar y no progresaba en sus estudios, por lo que el señor Nicosia, quien en ese momento se encontraba en Mar del Plata, le sugirió a través de un email en respuesta a una consulta que Edaya le había realizado, que mejor se dedicara a otra actividad ya que no tenía la atención, la disciplina, ni la dedicación que se requiere para el estudio de un arte como es la música. Que descansara de los estudios y que si más adelante quería, volviera a retomar. A raíz de esta respuesta, nunca más se comunicó con el Sr. Nicosia y se distanció cada vez más de su familia, a quienes dejó de visitar para las fechas festivas como acostumbraba a hacer.
En el año 2016 aproximadamente, llegó a oídos de la familia que Edaya se habia comprometido y estaba organizando los preparativos para su boda. En plena remodelación del hotel, cumpliendo con los plazos de la habilitación municipal, en medio de un problema de corte de gas y de las obras para ajustar las instalaciones de gas a la normativa vigente y de todo el arduo trabajo que los cooperativistas llevaban a cabo para poder comprar el hotel, Edaya comenzó a llamar con una insistencia que rayaba en el acoso, a cada uno de los móviles particulares de sus familiares, amigos y conocidos, anunciando su boda e invitándolos a asistir. Nadie en el hotel se encontraba disponible o desocupado para viajar a CABA y asistir a la boda. Esto hizo que se enfureciera y comenzó incluso a amenazar a algunos de sus hermanos por teléfono y desafiar al señor Nicosia para ver si tenía la "valentía de visitarlo en su casa propia" según dijo... ¿?
El caso de acoso más claro, lo sufrió la señora Capossiello, que mientras estaba sumamente ocupada poniendo al día toda la documentación de la cooperativa y redactando las actas que en realidad debía haber realizado el abogado OB, recibía interminables mensajes de WhatsApp cargados de fotos que Edaya le enviaba de su novia y de cada evento social al que él asistía. Fue tal la cantidad de datos que llegaban al teléfono, que finalmente se trabó, al punto que la señora casi debió enviarlo a reparar. Finalmente debió boquear el contacto de su hijo, para que no la siguiera acosando por teléfono.
Lo último que la familia supo acerca de este individuo, fue que la policía de la Ciudad de CABA allanó el departamento donde vivía en calle La Rioja. Al momento del allanamiento, no había ni rastros de Edaya quien era buscado debido a una denuncia por falsificación de documentos y robo de identidad. Debido a esto fue presa una vecina que no había hecho más que prestarle conexión de su red WiFi.
La sincera sugerencia del señor Nicosia acerca de la música, que sus familiares y allegados no asistieran a su boda, su ego herido y su situación poco viril delante de su novia, fueron los detonantes que llevaron a Edaya a efectuar la denuncia falsa.
Una vez que sus familiares fueron detenidos por orden de Santiago Inchausti debido a esta denuncia, Edaya siguió comunicándose con la fiscalía a cargo de Nicolás Czizik para enviarle una sarta de fotos y e-mails que no le pertenecían a él ni a los acusados y que no denunciaban nada en sí, sólo las historias que él agregaba a la documentación, diciendo que todo se lo había contado Raya, quien era el ex de su mamá, resentido por un divorcio que lo había dejado sin bienes heredables.
Como ya hemos dicho en infinidad de ocasiones en estas páginas, la mentada secta no existía. El señor Nicosia no tenía seguidores sino familiares y amigos. Vivía en un departamento privado del hotel junto a su familia y se encontraba muy afectado por su enfermedad autoinmune de espondilitis psoriásica, que le provocaban crisis agudas de psoriasis y de dolor en cada una de sus articulaciones, lo cual reducía su movilidad al punto de tener que utilizar una silla de ruedas para desplazarse por distancias mayores a 2 metros. Como tenía la profunda convicción de que nadie tenía la culpa de sus dolencias, mantenía una actitud amable hacia todos los que le rodeaban y siempre estaba de buen humor.
Fue esta actitud la que utilizó la principal querellante en la causa, a quien llamaremos Maciya y que hemos identificado en estas páginas como P1, para argumentar que el señor Nicosia mentía, que se hacía el enfermo, que en realidad era un violento golpeador y torturador con toda su familia y que sólo tenía buen trato para con amigos y vecinos.
Fue la misma Maciya durante los dos días que estuvo volcando todo su resentimiento ante quien quisiera escuchar, la que dijo haber escapado de la "secta", pero la realidad es que en septiembre del año 2017 decidió mudarse con su hija, 5 valijas, un violín y una guitarra que no le pertenecían, además de los $25000 (pesos argentinos) que el señor Nicosia tenía destinados para pagarle a los profesores que iban a dar clases esa semana en el taller de música.
Al momento de la denuncia realizada por su hermano menor, Maciya contaba con 47 años de edad, se encontraba "trabajando" en el Hotel Hermitage, en el Festival de Guitarras y hacía 4 meses que no vivía con su familia.
*****
Comentarios
Publicar un comentario