MITOS Y VERDADES DE LA CAUSA "CITY HOTEL": Los fundamentos de la sentencia

 

FUNDAMENTOS
DE LA SENTENCIA

Ya adentrándonos en los fundamentos que utilizó Roberto Atilio Falcone para juzgar y condenar a los imputados, quienes fueron víctimas de su “interpretación de la ley”, podemos resumir que dejándose llevar por su pensamiento perverso y sólo en base a relatos intangibles, elaboró una historia basada en bibliografía acerca del funcionamiento de las sectas y la aplicó a un grupo de personas que fueron convenientemente condenadas para usurparle sus ahorros, sus pocos bienes (el City Hotel de Mar del Plata no era uno de ellos) y sobre todo, la vida.

Tenga en cuenta el lector que la sentencia consta de 287 páginas plagadas de frases dogmáticas, bibliografía acerca de las sectas, además del relato (en su sentido fabulador) de cada una de las mal llamadas “víctimas”. Por lo tanto, he debido realizar un resumen de cada fundamento, para no cansar al lector con la letanía del monólogo del leguleyo.

Durante toda la sentencia, Roberto Atilio Falcone utiliza su conocida verborrea para “poner en contexto” (según él) los supuestos hechos cometidos por “el grupo coercitivo”. En este punto inicial en particular, simplemente escribe el prólogo de una historia creada, sentando las bases para condicionar toda su sentencia.



MITO

“La existencia de una secta coercitiva. El contexto de la operación”

Roberto Atilio Falcone inicia su sentencia afirmando que los delitos atribuidos a los imputados están probados, pero antes de describirlos decide construir el contexto donde esos hechos deben ser entendidos. Ese contexto —una estructura de dominación psicológica que el fallo denomina “secta coercitiva”— se convierte en el eje interpretativo de toda la causa. 
Para justificar su método, el juez recurre a dos modelos de razonamiento probatorio:
El holismo, que busca coherencia en el relato global del caso.
El atomismo, que exige prueba autónoma para cada hecho.

Ambos enfoques, dice, son complementarios: el atomismo acredita los delitos individuales, mientras el holismo permite comprender su conexión dentro de una trama prolongada y compleja.
Así, la sentencia se propone narrar una historia total, donde los hechos aislados adquieren sentido sólo dentro del sistema coercitivo que los produjo.

El fallo aclara que incluso los episodios no imputados pueden ser valorados como prueba del contexto, porque —según su lógica— no se juzga una acción desnuda, sino un hecho en su entorno.

Con esa premisa, Roberto Atilio Falcone, se dispone a analizar la «organización liderada» por Eduardo Nicosia y sus coimputados, presentándola como el marco estructural que explica todos los delitos.


REALIDAD


El relato judicial


El fragmento inicial del fallo no es una simple introducción metodológica: es el acto fundacional de una narrativa de poder.

Roberto Atilio Falcone no sólo organiza pruebas, sino que organiza el sentido. Decide qué puede ser considerado verdad, qué puede ser creído, y bajo qué condiciones un hecho se vuelve “real” dentro del lenguaje judicial.

La operación es precisa: antes de describir delitos, el juez, siempre auto percibiéndose un “científico de la ley”, construye el marco epistemológico que los hará posibles.
Ese marco se llama “secta coercitiva”. Y una vez pronunciado, todo lo que ocurre dentro de él queda atrapado en su lógica.


La ilusión de la complementariedad

El texto se presenta como equilibrado: holismo y atomismo, dos modelos que se complementan. Pero esa armonía es retórica.
El holismo —la mirada total, la historia coherente— devora al atomismo. Cada hecho deja de ser autónomo y pasa a ser un fragmento de una historia ya escrita: la historia de la dominación.
El juez dice que cada hecho debe probarse por sí mismo, pero al mismo tiempo exige que encaje en el relato global. Así, la coherencia narrativa se convierte en criterio de verdad.
Lo que no encaja, se descarta.
Lo que encaja, se confirma.
La prueba deja de ser evidencia y se transforma en pieza de guión.


El contexto como dispositivo de captura

Roberto Atilio Falcone declara que usará testimonios y documentos sobre hechos no imputados para “acreditar el contexto”.
Esa frase, aparentemente técnica, es el corazón del problema.

El “contexto” se vuelve un espacio sin reglas: todo puede entrar, nada puede ser refutado. Los hechos no imputados, las percepciones, los rumores, las emociones, todo se convierte en material narrativo. Y ese material, aunque no tenga valor penal, moldea la percepción del caso.

El contexto deja de ser un marco explicativo y se convierte en una máquina de absorción: todo lo que toca se vuelve prueba indirecta de la estructura coercitiva. 
La frontera entre lo jurídico y lo simbólico se disuelve.


La secta como metáfora totalitaria

Roberto Atilio Falcone adopta la noción de “secta coercitiva” como si fuera una categoría objetiva. Pero esa categoría no existe en el derecho penal argentino.
Es una importación conceptual, una metáfora sociológica que el fallo convierte en hecho probado.

La “secta” no es sólo un grupo: es una figura del mal absoluto, un espacio donde la autonomía desaparece y la voluntad se anula. Al usarla como marco interpretativo, el juez instala una moral: dentro de la secta, todo es coerción; fuera de ella, todo es libertad.
Esa moral no se discute, se impone. Y al imponerse, homogeneiza: todas las víctimas son iguales, todos los imputados son parte del mismo mecanismo, todas las acciones son síntomas del mismo sistema. 


El poder de escribir la historia

El juez cita a Binder para afirmar que “no existe la acción desnuda”. Pero lo que hace es más radical: vestir la acción con una historia que ya tiene culpables y víctimas asignados.

El fallo no sólo juzga hechos: escribe la historia del caso. Y esa historia, una vez instalada, condiciona todo lo que viene después: las interpretaciones, las defensas, las memorias, los relatos mediáticos.

El juicio se convierte en una obra narrativa cerrada, donde el contexto no explica, sino que dicta. El poder judicial se transforma en autor, y la sentencia en literatura de Estado.

Conclusión

El texto elaborado por Roberto Atilio Falcone, pretende ser técnico, pero es profundamente político. Su estructura discursiva revela una estrategia de control del sentido:

  • Define el marco antes de los hechos.
  • Usa la coherencia como prueba.
  • Convierte el contexto en evidencia.
  • Transforma la categoría “secta” en dogma.

Y escribe una historia que ya no puede ser contradicha.

En ese movimiento, Roberto Atilio Falcone no sólo juzga: produce realidad, escribe la historia del caso. Y esa historia, una vez instalada, condiciona todo lo que viene después, crea una realidad que una vez escrita, se vuelve casi imposible de desmontar. Casi…



ⒸKaranaDrakarys2023
Todos los derechos reservados

Comentarios

Entradas destacadas

MITOS Y VERDADES DE LA CAUSA "CITY HOTEL"

EL JUEZ EN SU LABERINTO - La elaboración de una condena ilegítima

Mitos y verdades de la causa "City Hotel": La denuncia